Oliver, que ha quebrado dos clubes, y Pepe León, que se enteraba de los fichajes «por la prensa», protagonizan sospechosas operaciones / Con el Betis en quiebra, iban a pagar por un jugador ‘libre’ 

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Los manejos con los fichajes de Luis Oliver y Pepe León, el consejero deportivo y el presidente del Betis, huelen cada vez peor.

El caos y las sombras definen la estrategia deportiva del club, que decide fundamentalmente Oliver pero que necesita, obligatoriamente, de la firma legal de León.

Ambos solapan la labor del director deportivo, figura que oficialmente el nuevo Betis no ha tenido, y que, realmente, ha desempeñado de manera semiclandestina Carlos Bucero, cercano a Oliver y de un pasado no poco tormentoso en el Real Madrid, donde fue acusado de inflar extraordinariamente el precio de los fichajes.
Supuestamente, Bucero está ya desvinculado del Betis. De hecho, ha estado por medio, ahora como representante, en algunas negociaciones de refuerzos. Sin embargo, León sigue derivando a Bucero las llamadas de los representantes de jugadores que llegan al club.

Antes de ser fulminantemente despedido, el anterior director deportivo, Manuel Momparlet, dejó en herencia los fichajes de Salva Sevilla, Momo y Jorge Molina.

Rubén Castro, Dorado, Belenguer y Roversio (además del efímero Nsaliwa) llegaron ya de la mano de Oliver. A todos les acompañaron notorias suspicacias. Varios representantes de futbolistas se mostraron fuertemente sorprendidos por las altas comisiones que se manejaron en la mayoría de esas incorporaciones.

De hecho, si el Betis hubiera cerrado dos fichajes que, la semana pasada, los medios dieron como hechos, el delantero Ribas y el defensa Chico, su inversión habría sobrepasado a lo recaudado por las ventas de Sergio García, Mehmet Aurelio, Nelson, Melli y Pavone.

Un dato aún más llamativo si recordamos que los directivos del Betis acaban de reconocer la quiebra del club y han anunciado el concurso de acreedores.

Lo turbio, lo sombrío, enmarca las operaciones que han dirigido Oliver y León, o sea, un dirigente que ya quebró a dos clubes antes (Xerez y Cartagena) y otro que, ante la Guardia Civil, reconoció haberse enterado de los fichajes que hacía el Betis «por la prensa» durante sus presidencias al lado de Lopera en los pasados 18 años.

El último caso resulta particularmente representativo del extraño y, a decir de los agentes, fraudulento operar de los dirigentes béticos. Se trata del fichaje del defensa brasileño Chico, finalmente frustrado tras una amenaza de denuncia de un representante.
El pasado jueves, 26 de agosto, Luis Oliver negó cualquier posibilidad de contratar a un nuevo defensa durante una entrevista en Canal Sur. «No. Ya hemos fichado a tres centrales y tenemos a dos chicos del filial (Fran y Roqué)».
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Un día después, algo le hizo cambiar de opinión. Y, desde luego, no fue el negocio que significaba para el Betis. 

El pasado 14 de julio, Manuel Pericet, uno de los agentes de confianza de Lopera, presentó al club a Chico, un prometedor y polivalente defensa, de 23 años, del Paranaense. Se dirigió al entonces director deportivo, Carlos Bucero.

Las condiciones del fichaje variaban. Si el Betis quería al jugador de inmediato, debía pagar «2 millones al Paranaense». Pero, en diciembre, Chico acababa contrato. Entonces, la cifra se reducía a los 500.000 euros para el jugador como prima por llegar libre. En ambos casos, el agente solicitaba 250.000 euros como comisión.
Bucero dijo que interesaba, sobre todo para el cercano futuro. Lo tendría que consultar con sus jefes. Poco después, el supuesto director deportivo dimitió por desavenencias con el presidente León. La cosa quedó ahí.
Pero el Betis reactivó el 27 de agosto el fichaje de Chico… con otro representante, «seguramente más dócil en las comisiones», según Pericet.

Diversos medios de comunicación dieron por oficial el acuerdo con el jugador el domingo 29 de agosto. De hecho, lo hizo la misma web oficial del Paranaense. Las condiciones, 1,1 millones por el 50% del pase del defensa. Con comisiones, otro millón y medio que el Betis, un club en ruina y tras fichar a tres centrales (Belenguer, Dorado y Roversio) decidía invertir en un jugador que podría llegar gratis cuatro meses después.
Cuando Pericet pidió explicaciones a León, se encontró con la sorpresa de que éste le remitió a… Carlos Bucero. Ante la sospecha del fraude, el representante envió un burofax a León y Oliver amenazando con denunciarlos.

Hace unos días, el entrenador Mel dijo a un colaborador cercano que Chico no llegaría «por el lío que se han montado en este club».

Ayer, las partes anunciaron que el fichaje se rompía. La explicación oficial: el jugador no quiere venir.

Fuente: Diario El Mundo, Antonio Félix