Según su entorno recuperará cuando quiera el poder tras incumplirse el contrato de venta / La Guardia Civil investiga si el grupo de Oliver realizó pagos ficticios
«Que le quede claro una cosa: Manuel Ruiz de Lopera volverá al Betis cuando él quiera».

 

La aclaración la hace un colaborador muy cercano al sempiterno dirigente del Betis, que no puede reprimirse una sarcástica sonrisa cuando se le cuestiona por la credibilidad de la supuesta rebelión de Luis Oliver. «Léase usted el contrato de compraventa. Se lo repito: Lopera puede volver al Betis cuando él quiera».

 

 

Al contrato vamos. 6 de junio de 2010, notaría de Arturo Otero, representantes de Lopera y de Luis Oliver escenificando el trasvase de 59.925 acciones, el 51% del capital social del club.

 

 

Por aquel entonces, la empresa Azabache, metiendo por medio a Cajasol y al alcalde, financia una oferta de 40 millones de euros. Pero, sorpresivamente, Lopera elige a Luis Oliver, un señor de pasado siniestro en el fútbol, respaldado por un todavía hoy oscuro grupo, y que sólo pagaría 16 millones de euros en comodísimos plazos a lo largo de hasta 8 años.

 

 

¿Por qué eligió Lopera a Oliver? Nuestro interlocutor va directo al grano. «Estipulación cuarta». En su momento, EL MUNDO ya informó del seguro de vida que este punto representaba para Lopera.

 

 

En él, el grupo de Oliver «manifiesta que Lopera tiene prestados a favor del Betis 27 millones de euros», y se «compromete y obliga a satisfacer las cantidades que eventualmente le fueran reclamadas por los avalistas en un plazo de 30 días». No hacerlo «facultaba (a Lopera) para resolver el contrato».

 

 

Esta cláusula, por sí sola, convertía al contrato en bumerán: como todo el mundo podía entender entonces (y más ahora, decretada la Ley Concursal) el Betis no podría devolver, ni en 30 días ni en 30 años, los 27 millones de euros que hubiera reclamado Lopera. «Pero es que ni siquiera ha hecho falta llegar a esto», dice nuestra fuente.

 

 

Hace diez días, Oliver admitió que su grupo no había hecho (ni tenía intención de hacer) efectivo uno de los pagarés comprometidos con Lopera. Supuestamente, se refería a un talón por importe de medio millón de euros con vencimiento el 2 de septiembre.

 

 

Según la estipulación 2.4 del contrato de compraventa: «El incumplimiento por parte de la compradora (Oliver) de alguno (de los pagos) facultará a la vendedora para resolver la compraventa». Lopera sólo tendría que «notificar de manera fehaciente el incumplimiento acaecido» para que «quedara automáticamente sin efecto la transmisión de las acciones».

 

 

Resumen: Luis Oliver sólo seguirá mandando en el Betis mientras Manuel Ruiz de Lopera así lo disponga y así le interese.
Hay que recordar que el contrato quedó anulado temporalmente por un Juzgado de Instrucción. «Aún así, a efectos prácticos está siendo utilizado: ¿Cómo, si no, explicaría usted el desembarco y mantenimiento de Oliver en el Betis?».

 

 

También hay que recordar que tal medida ha sido recurrida ante la Audiencia Provincial. Oliver ha mostrado su confianza en que ésta reactive la compra. Igualmente ahí quedaría en manos de Lopera.

 

 

Pese a sus gestos de cara a la galería para desembarazarse de ella, la sombra del sempiterno emperador del Betis persigue a Oliver. Los mismos administradores judiciales ya han advertido a la juez que ambos siguen siendo una misma cosa.
Y ésta debe haber dedicado cierta atención al dirigente okupa, pues, según ha podido saber este periódico, una unidad de la Guardia Civil está investigando si los movimientos de dinero en el contrato de compraventa han sido ficticios.

 

 

El mismo Oliver (que ya se declaró «insolvente» en los tribunales) ha alimentado esa sospecha. En una entrevista con Canal Sur cifró en «500.000 euros» el pago efectuado hasta hoy a Lopera… cuando, sólo el día del traspaso y ante notario, se habría abonado 1,1 millón.
ANTONIO FÉLIX / Sevilla, diario El Mundo