El dirigente se ceba en consonancia con la defensa de Lopera, que medita querellarse contra Alaya.

Luis Oliver, dirigente okupa del Betis, dio un paso más en su estrategia de acoso a la juez Mercedes Alaya, en consonancia con la defensa de Manuel Ruiz de Lopera. No fue cualquier paso. Oliver insultó gravemente a la magistrada: «Ni los nazis hacían lo que me hace a mí esta loca».

El consejero deportivo del Betis realizó estas declaraciones ante los peñistas de Utrera y, también, ante la cámara y micrófono de Giralda Tv. Pese a ello, ayer se excusó diciendo que «no sabía que lo estaban grabando» y que fueron «opiniones privadas y coloquiales realizadas en el ámbito de la libertad de expresión». También dijo que «respetaba» el trabajo de la juez Alaya. Por decir…

Hay que recordar que la magistrada, en el ámbito de la instrucción del delito societario contra Lopera, decidió intervenir la venta de sus acciones al considerarla una mascarada.

«No soy testaferro de Lopera y está chupado demostrarlo, porque tengo a más de 50 guardias civiles detrás mía investigándome. Abro un cajón y me sale un guardia civil… Vamos, ni los nazis hacían lo que me está haciendo a mí esta loca», dijo Oliver a pleno pulmón.

Las declaraciones del oscuro empresario que se ha atrincherado en el poder del Betis -gracias, eso sí, al colaboracionismo de los más fieles consejeros de Lopera- coinciden con dos hechos que conviene tener muy presentes:

1) La presentación en el juzgado del informe definitivo de la Guardia Civil sobre una presunta compra ficticia, realizada con talones sin fondos, entre Lopera y Oliver. Aún no ha trascendido el contenido de tal informe, sobre el que el responsable de Bitton Sport parece andar muy tranquilo. ¿La razón? Tal vez que él no es responsable de Bitton Sport ni de las empresas que lo fían.

Oliver ni apareció en la firma del contrato ni aparece en los registros directivos de tales sociedades. La juez investiga no sólo si es un testaferro, sino si es un testaferro de testaferros. En cualquier caso, esa ingeniería societaria le blinda ante la ley. O, al menos, eso parece creer Oliver, que ya se escapó de dos denuncias por delitos societarios en los anteriores clubes a los que abordó, el Xerez y el Cartagena.

2) Por otro lado, está el recrudecimiento de la línea defensiva de Lopera, después del traspié sufrido en el interrogatorio a los peritos, donde éstos no sólo se ratificaron en su primer informe, sino que elevaron el fraude detectado hasta, aproximadamente, los 13 millones de euros.

Según fuentes de toda solvencia, los abogados del bufete Montero-Aramburu están meditando muy seriamente querellarse contra la juez Alaya, a la que creen parcial.

Tal opción perdió fuerza después de que la juez, contra el pronóstico que manejaban los abogados de Lopera, descartara la administración judicial del club y se contentara sólo con la intervención de las acciones irregularmente vendidas. Sin embargo, y ante el acorralamiento feroz al que está sometido su cliente, el bufete está reconsiderando lanzar este órdago, una maniobra desesperada de consecuencias impredecibles.

No es la primera vez que Oliver contribuye a meter presión a la juez. Ya antes la había provocado saltándose a la torera un auto judicial y tildando de «justiciera» a la magistrada. Su apoyo, de fondo, con la línea de Lopera ha sido entusiasta.

Esto ha constrastado con una larga serie de gestos populistas y declaraciones contrarias a Lopera. Lo último que le ha dicho es que «no es muy espabilado». En este punto hay que recordar que la línea de defensa judicial de Lopera pasa inexorablemente por demostrar que ya no tiene nada que ver con el Betis, que lo dejó en una estupenda situación y que se lo han cargado otros.

Por Antonio Félix, El Mundo, edición Impresa.