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Oliver retiró de la caja 5 millones para Lopera en su primer día al frente del Betis
ANTONIO FÉLIX / Sevilla
No pudo el vasallo cuidar mejor de los dineros del señor. Luis Oliver Albesa liberó a Manuel Ruiz de Lopera del aval por 5 millones de euros que tenía depositado para pagos aplazados ante Hacienda. Con el club en la quiebra y los futbolistas impagados, ésta fue la primera decisión que, raudo, tomó Oliver al frente del Betis.
El 6 de julio de 2010, Lopera y Oliver firmaron por sorpresa la permuta del 51 por ciento de las acciones del Betis. Las condiciones de la compraventa fueron extraordinarias. Lopera, que había ofrecido su tajada a los béticos por 60 millones («y pierdo 40»), se la vendió a Oliver, un empresario insolvente que en el pasado ya quebró al Xerez y al Cartagena, por apenas 16 y a pagar en ocho años. La Guardia Civil consideraría después ese contrato como una farsa.
El 7 de julio sucedieron dos cosas. Oliver tomó su primera decisión como presidente de facto del Betis: abrió la caja, sacó 4,9 millones de euros y los destinó a pagar aplazamientos de deuda concedidos por Hacienda. Estas cuotas debían ser satisfechas por el Betis en plazos desde julio de 2010 hasta noviembre de 2012. Pero Oliver decidió abonarlas ya y de golpe.
Había truco. Esas deudas estaban avaladas por Manuel Ruiz de Lopera, que, inmediatamente, quedó liberado de tal carga.
La segunda cosa que sucedió el 7 de julio es que Lopera y Oliver posaron muy acaramelados en la rueda de prensa donde escenificaron la sucesión. Ambos tenían motivos para sonreír.
Oliver heredó un club en una situación muy delicada. El fracaso deportivo secó el contrato televisivo, las pérdidas se dispararon, subieron los impagos a Hacienda y comenzaron los de los jugadores. Sin embargo, el nuevo dirigente (declarado insolvente ante los tribunales y que compró el Betis a través de empresas adquiridas a 1 euro) todavía encontró dinero en la caja.
Según los balances del Betis, el club poseía un saldo de alrededor de 25 millones a finales de 2009.
Había que fijar las prioridades para administrar tal activo. Y Oliver lo tuvo claro. Lo primero que hizo fue depositar 4.940.742 en la Agencia Tributaria.
No era una deuda apremiante. Al contrario, respondía a aplazamientos de cantidades que debían ser satisfechas por el Betis hasta noviembre de 2012. Curiosamente, por esas mismas fechas el Betis descuidó las cuotas ordinarias de Hacienda. Tampoco hacía caso de las reclamaciones por los últimos vencimientos. La explicación: no había dinero. Sí lo hubo, sin embargo, para tranquilizar a Lopera y liberarle de los 5 millones que tenía avalados.
En el contrato de compraventa del Betis, Oliver se comprometía a pagar, en 30 días, los avales que solicitara Lopera. Sin embargo, en los siguientes meses, el dirigente reiteró que su antecesor sólo había cobrado «un millón de euros», por el primer plazo de la compra. También hay que recordar que tal contrato nunca fue efectivo, porque no contó con el visto bueno preceptivo del Consejo Superior de Deportes. Y que Oliver, además, no pagó ya desde el segundo plazo de la operación.
En ese momento comenzó una impostada confrontación pública con Lopera, intentando aligerar las sospechas de actuar como su testaferro. «Lopera ya ni pincha ni corta en el Betis», llegó a decir. Ambos se amenazaron con querellas en los tribunales que nunca se depositaron.
En privado, sin embargo, las maniobras de Oliver nunca dejaron de favorecer los intereses de Lopera, a costa de un Betis moribundo. Decisiones como la de liberarle de su millonario aval se comieron, en un santiamén, el saldo del club. Cuando, cinco meses después, Rafael Gordillo y su nueva directiva lograron desalojar a Oliver y coger el timón del club, se encontraron telarañas en la caja.
¿Fue lícito, en cualquier caso, liquidar el crédito de Lopera con el Betis? La prisa con que Oliver liberó a su patrón de su millonario aval también tenía otra explicación. El 16 de julio, la juez Mercedes Alaya imputó a Lopera, consideró suficientes las pruebas de su saqueo al Betis y le desposeyó de sus acciones. La magistrada consideró que la compraventa del día 6 había sido una impostura destinada a salvaguardar los bienes de Lopera y «obstaculizar la acción de la Justicia».
La investigación de los peritos judiciales ya desveló un desfalco de 12,9 millones de euros por parte de Lopera al Betis sólo hasta 1999. Una cantidad que, a buen seguro, se multiplicará cuando se culmine la segunda parte del informe, hasta 2008.
Según diversas fuentes, podría darse la paradoja de que Lopera hubiera avalado al Betis con el dinero desfalcado al propio Betis.
En cualquier caso, la decisión fue suicida para el club, que apenas tenía para pagar sus gastos corrientes y eligió anticipar una deuda futura. Curiosamente, una semana después la directiva de Oliver declaró el concurso de acreedores. Y así, de paso, con la satisfacción de su crédito, Lopera se libró también de tener que negociar una quita con el Betis.