«No sé si reír o llorar». Los dos principales aludidos, incluso se podría decir damnificados, por las condiciones impuestas por Lopera a Bsport en la (truncada) venta de sus acciones del Betis coincidían en su interpretación de los hechos. «¿Pero hasta dónde va a llegar este hombre? Da realmente pena».

 

 

Recuerden: el contrato de compraventa firmado por Lopera, sus testaferros y el grupo Bsport el 29 de julio de 2008 comprometía a los nuevos dueños del Betis a impedir el regreso del entrenador Lorenzo Serra o el directivo Hugo Galera al club.
En caso de incumplimiento, el Betis se vería obligado a indemnizar a Lopera con un millón de euros. Idéntica cantidad habría que pagarle si se colocara un busto de Galera en las afueras del estadio. Y hasta ¡5 millones de euros! se elevaba la multa que el club habría de abonar a Lopera si decidía cambiarle el nombre al campo o a la ciudad deportiva.
Todo esto, y mucho más, incluía el esperpéntico documento que acaba de ser aportado a la instrucción del caso por los presuntos delitos societarios y de apropiación indebida cometidos por Lopera en el Betis.
«Me lo decían, y no me lo creía, de verdad». Lorenzo Serra responde desde Mallorca, donde negocia la compra del club balear. Negocios serios, no lo que se maneja por aquí. El histórico entrenador verdiblanco no da crédito. «No, si al final acabaremos haciéndole rico», ironiza el hombre que en el pasado sentenció: «El Betis será lo que Lopera quiera».
La idolatría de la afición hacia Serra, el entrenador que más éxitos le dio a Lopera, supuso precisamente su definitivo distanciamiento. ¿Celos? Serra evita la cuestión. «Todo el mundo sabe ya en qué lado estamos cada uno». Al entrenador, por cierto, aún le dura el mosqueo por la jugarreta que le hizo un periódico sevillano, que lecongeló una entrevista durante un mes para luego sacarla bajo el titular de que podría volver al Betis con Lopera.
Ni él lo haría, ni tampoco Hugo Galera, el antecesor en la presidencia. En realidad, Galera no volverá ya nunca al Betis. «Mi tiempo en el club es pasado. Bajo ningún concepto quiero volver. Lo único por lo que lucho es por corregir un error de mi mandato, mi gran error, haberle abierto la puerta a Lopera».
En ello está el ex presidente, referente del grupo Béticos por el Villamarín, el primer impulsor de la querella del delito societario contra Ruiz de Lopera. También por ello le ha tocado pagar: demandas de su sucesor (por comparar su ascenso al Betis con el de Hitler), menosprecios desde la radio del club, espionajes… Pocas personas concitan tamaña aversión por parte de Lopera. «Me odia porque me teme».
«Él sabe que yo soy una de las pocas personas que no le tiene miedo, que conocía toda la verdad y que toda la verdad acabaría saliendo a la luz». Por ahí se incardina el meollo del contrato conBsport. «Lo que este señor tiene contra Serra y contra mí es una manía persecutoria obsesiva que se tendría que ver».
«Lo peor -puntualiza Galera- es la constatación, para quien aún no lo tenga claro, de la prioridad de Lopera de enriquecerse a costa del club, de servirse del Betis y no al revés».
Galera apunta también a los adlátares del líder. «Es indignante que los directivos sigan sosteniendo a semejante personaje». En este sentido, el contrato con Bsport arrojaba un último dato revelador. Lopera no era el único que iba a hacer negocio redondo (se disponía a vender las acciones por 20 veces lo que costaron en 1992). Los directivos Rufino González y Manuel Castaño también arrancaban el compromiso de vender las suyas al mismo precio.
Por Antonio Félix, El Mundo 12 de junio de 2010