Dirigentes del Betis

Si en este cortijo llamado Real Betis Balompié S.A.D. imperara, por una vez, la lógica, este habría sido el último día de trabajo (o de “ayuda voluntaria”) de un puñado de irresponsables cuya imprevisión le ha podido costar al club en torno a 60-70.000€, una cantidad nada despreciable con la que se podrían haber pagado unas cuantas facturas en un club intervenido judicialmente. Por ejemplo, la aportación económica de los béticos de base que hizo posible la asamblea y cuya factura fue enviada al concurso con tantísima mala idea.

La administración judicial ha desperdiciado una oportunidad de oro para profesionalizar el club en todos sus estamentos y de llevar a cabo una gestión eficaz de los recursos; en su lugar, ha preferido rodearse de esa enorme mentira llamada “Haciendo Betis”, que sólo ha servido para que personas no cualificadas “colaboren” en diversos estamentos del club. Claro que si ser amigo de quien hay que serlo lo entendemos como cualificación, estaríamos hablando de auténticos másters y doctores.

Esta es la vergüenza y la gestión negligente que da como resultado la bochornosa escena que hemos vivido esta mañana en el Benito Villamarín: imprevisión, ridículo, incapacidad. Un partido con gran interés por factores como el hecho de tratarse de un derby, por no haber liga en primera, por el momento de forma de los nuestros…nadie ha sido capaz de prever la asistencia masiva que ha habido. Habría bastado con abrir las taquillas días antes o haber habilitado más lugares de venta, por no hablar de que, en pleno siglo XXI, la venta por internet debería ser ya la primera fuente de ingresos por este concepto.

Profesionales o amigotes. Gente que sabe planificar o amateurs sin la menor planificación. La elección del club es clara desde que llegaron a la dirección los actuales rectores, tanto los oficiales como los que de verdad reparten cargos. Estas son las consecuencias y seguirán siendo hasta que la administración judicial quiera.

Que venían a figurar y medrar lo teníamos claro todos los que de una forma u otra hemos luchado contra el máximo accionista. No imaginábamos que, además, fuesen tan pésimos gestores.

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