José Antonio Bosch Valero, administrador judicial del Real Betis

José Antonio Bosch Valero, administrador judicial del Real Betis

Por acción o por inacción; por activa o por pasiva. Por renovar a un técnico que no sirve o por echar ahora al secretario técnico por petición popular, porque es obvio que ambos no pueden ser culpables; o sí, lo cual deja en peor situación aún al administrador judicial.

Desde que aterrizó en el Real Betis, ha sido el niño en el bautizo y la novia en la boda, la gamba de todos los caldos y la guinda de cada pastel. Ha paseado el bigote por las peñas, por las ruedas de prensa, por el vestuario… dejando claro que toda la inteligencia con la que maneja los números, se torna en afán de protagonismo cuando los vientos soplan de manera favorable. Cuando llega la tempestad, como es el caso, busca culpables y los defenestra, pero yerra el tiro.

Guillén debe estar inquieto, ya que el próximo puede ser él. O el responsable de Marketing, quién sabe, pero el denominador común de estos comportamientos egocéntricos y endiosados, como el que usted lleva a gala, es el capricho y la arbitrariedad, además de una absoluta ausencia de autocrítica. Si no sabe llevar un club de fútbol, como ya he dicho muchas veces, delegue en gente que sí sepa hacerlo, dóteles de un presupuesto adecuado a la realidad y déjelos trabajar. Y cuando digo un presupuesto adecuado, estoy hablando de no “ahorrar” 10 millones de euros. Si echa a Stosic, Sr. Bosch, está reconociendo de forma tácita que el error no era de Mel, sino de una planificación desastrosa y, en ese caso, la responsabilidad es de quien nombra al director técnico y fija el presupuesto económico; y ese no es otro que usted mismo. Y se equivoca dos veces, no una.

Como dice un antiguo refrán, “sólo el necio confunde valor y precio”; yo no renuncio a la rima para definir lo que ha hecho usted como administrador judicial en política de fichajes:“sólo el tontorrón confunde gasto e inversión”, porque, Sr. administrador judicial, los clubes de fútbol no tienen 10 millones de euros a plazo fijo en el banco, sino correteando por el césped, marcando goles o evitando que nos los marquen. Cuando se ficha buenos futbolistas, no se gasta; se invierte. En goles, en paradas, en puntos, en participaciones europeas, en Marketing, en ingresos atípicos, en abonos y en seguridad económica en el futuro. Parece mentira que un mago del Excel no sea capaz de entender esta cuestión tan simple.

A Mel lo sentenció su incapacidad para sacar al equipo de la dinámica negativa, su escaso tacto con los jugadores (a quienes vendía tras cada partido), su reunión con los ultras dando una imagen lamentable de la institución y, sobre todo, su pérdida de papeles con todo lo relativo a las alineaciones, planteamientos y cambios. Pero a Stosic se lo carga la grada; en especial, aquellos que lamentan el despido de Mel, quienes ya habían puesto sus iras en el serbio, como paso previo a fijarlas en el consejo. Y eso son palabras mayores.

Así pues, toca que usted, que ni siente estos colores ni falta que le hace, recoja sus cosas y ponga el bigote rumbo a su despacho profesional, donde le esperan, según se dice por ahí, casos muy suculentos relacionados con el deporte. Y llévese con usted a Guillén y demás cucharas, quienes, por dignidad, ya deberían haber puesto pies en polvorosa cuando vieron que no pintarían nada en la toma de decisiones. Y que Su Señoría nombre otro administrador que cumpla con su cometido sin tantos vaivenes y limitándose a gestionar un club en transición. Y hoy mejor que mañana.

Por Penibético

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