Bosch Valero

Pocas veces tenemos la oportunidad de contemplar, como ha sucedido en estos días, la sucesión de los tres factores que determinan la desastrosa situación de nuestro club y que, como no podía ser menos, se agrava hasta el infinito cuando se sufre la segunda humillación consecutiva en el campo del eterno rival. 

Vamos a ello:

1. La afición y el manquepierdismo. Analizaba Rafael Medina, con gran acierto, la reacción de la grada ante la enésima derrota en nuestro estadio y cómo el público despedía a los jugadores y, especialmente, al entrenador con una sonora salva de aplausos y gritos de “Betis, Betis”. A muchos béticos, esta situación nos produce un bochorno difícil de explicar con palabras; realmente, hay que ser conscientes de que la afición se divide entre quienes queremos un club a la altura de la masa social y quienes se conforman con frases del tipo “no hay mayor título que llevarte en el corazón” o “viva el Betis manquepierda”, posturas comodísimas para no aceptar una realidad y conformarse con ser un club mediocre y no aspirar a otra cosa que no sea ascender y descender en años alternos.

Cuando se analiza una situación así, es hora de empezar a pensar que, efectivamente, los resultados están a la altura de la masa social, quien, en su inmensa mayoría, se conforma con esta situación y asume que su papel consiste en pagar, animar y, finalmente, apelar al manquepierdismo como único análisis posible de la realidad.

He escrito muchas veces acerca de mi opinión sobre el “viva el Betis manquepierda” y cuánto daño hace a un club que es, en simpatías, socios e ingresos, uno de los grandes de la liga española, por lo que no me extenderé mucho más en esta desgracia que nos ha caído a los béticos con dicha frase.

2. La cuestión social e institucional. Para quienes manejan el presupuesto y la dirección de la entidad, la postura antes analizada de la masa social es la excusa idónea para no reforzar al equipo o destituir al entrenador, además de abstenerse de tomar otras medidas drásticas e impopulares. Cuando no salen los resultados, el equipo se desmorona y se ve el túnel de la segunda división al final del camino, resulta balsámico comprobar que la grada no sólo no protesta, sino que despide entre aplausos y vítores al equipo. Surrealista.

Por ello, no es de extrañar que los dirigentes también respondan al perfil de la mayoría de la afición y elijan el conformismo como explicación de nuestros males.

Por otra parte, en esta semana hemos tenido la oportunidad de comprobar cómo idiotiza el sillón de mandamás de nuestro club. En un gesto que repugna por muchos factores, el representante de las acciones de Farusa, el ínclito Bosch, se descolgaba con frases de la mejor estirpe loperiana del estilo “mestai exigiendo que mestai cansando”, “me muero por el beti” o “como no me aplaudai me voy”, postura especialmente patética en alguien que no debería ostentar el menor protagonismo en el día a día del Real Betis más allá de garantizar el saneamiento del club y que los desgraciados acreedores puedan cobrar una parte del dinero que se les adeuda. Qué tendrá el sillón del Betis que idiotiza al más pintado.

Sin embargo, este señor se dedica a presentar fichajes, a inaugurar peñas, a opinar sobre aspectos deportivos, a dar entrevistas en las que se comporta como una diva caprichosa y a atraer para sí el protagonismo de los micros y los focos. Una persona que lo más verde que había visto hasta este momento era el icono de Excel en el escritorio de su ordenador, se comporta como un perdonavidas con quienes no le bailan el agua o le hacen poco la pelota. Se podría decir que, al menos, éste sabe leer y escribir, a diferencia del analfabeto ladrón que nos ha arruinado, pero su nulo conocimiento de cómo debe gestionarse un club de fútbol, constituye una de las patas de banco necesarias para que el proyecto naufrague por todos lados.

Cuando un dirigente no sabe gestionar, puede rodearse de profesionales que sí sepan y mantenerse en un discreto segundo plano o, como es el caso, puede optar por rodearse de pelotas e inútiles que sólo le alabarán y le recordarán a cada instante lo genial que es, lo bien que le sienta el traje y lo perfectamente recortado que lleva el bigote. Y esto es lo que ocurre en el Real Betis, que está dirigido por un inútil con afán de protagonismo rodeado por una camarilla de aduladores elegidos dedocráticamente y que sólo destacan por su pertenencia a la Fundación Heliópolis, por ser amigos de quien hay que serlo, por ser afines a su persona o por capricho puro y duro, cuando no por nepotismo o corrupción, como hemos visto en algunos casos sangrantes, incluida una secretaría técnica compuesta por un exfutbolista mediocre, un amigo de alguien y un chico del foro oficial que tiene un blog y se pasa el día en twitter presumiendo sin pudor alguno de un cargo que le viene varias tallas grande. Palabras como planificación o acierto, han dejado de formar parte de nuestro vocabulario desde el mismo momento en que se confía la confección de la plantilla a este elenco de incapaces.

3. El aspecto deportivo. Con estos ingredientes, es difícil que lo deportivo, que es lo más importante en un club de fútbol, no sea un desastre a la altura de la masa social y la masa dirigente.

Tenemos un entrenador que va por la cuarta pretemporada, que no hace más que probaturas absurdas, que saca alineaciones y sistemas inexplicables y que nos llevará al abismo de forma inevitable. Y tenemos una plantilla que, lo reconozco, es un despropósito puesto por puesto y que, encima, tiene un índice de lesionados sumamente alto para un equipo profesional. también este aspecto debería ser anotado en el debe de la preparación física y de los servicios médicos.

No hay que extrañarse, pues, de que jornada tras jornada recibamos un baño de juego y goles de cada uno de nuestros rivales, especialmente los que más dolor nos causan. Pero mientras unos planifican, otros sacan un seguro; mientras unos exigen, otros aplauden y manquepierdean; y mientras unos tienen mentalidad ganadora, otros nos sentimos a gusto siendo una nadería insulsa. Sí, tenemos lo que nos hemos buscado; aunque algunos, individualmente, no lo merezcan.

Por Penibético
Coméntalo en el foro