Aficion del español

Vale que el objetivo para este año estaba más que cantado, vale que lo considerábamos el adecuado, vale que argumentos de una situación económica justifiquen dicho objetivo, vale que el apoyo de la afición sea incondicional durante la temporada, vale que por ello podamos dar por concluida la temporada con una nota aceptable y vale que en su día yo entendiese que no era conveniente aspirar a nada más por que hay muchas cosas que rodean a este club, más allá de lo meramente deportivo, que no se arreglarían en los 3 meses que tendríamos de tiempo para afrontar una nueva temporada con un nivel de exigencia que este club no podría asumir sin llevarnos irremediablemente al ridículo.

Pero una cosa es eso y otra muy diferente son los diversos comportamientos que hemos tenido que sufrir durante las últimas jornadas del curso:

– Hemos oído declaraciones de los responsables en las que, amparándose en supuestas realidades, presentan una evidente falta de ambición real. Es más, no nos muestran ni unas míseras ilusiones que llevarnos a la boca.
– Hemos visto cómo se dan notas excesivas a no superar siquiera al mismísimo Chaparro.
– No hemos podido comprobar ni una sola reflexión sobre la temporada, sobre cosas a mejorar, sobre depurar alguna responsabilidad por errores cometidos, sobre qué parcelas o quiénes han hecho su trabajo de tal manera que pueda ser mejorado. Y mira que los hay.
– No hemos visto que nada haya acabado pasando factura. Está bien, como digo, el apoyo incondicional, pero ha habido fases casi groseras en la temporada y, aunque el balance final se haya saldado de forma medianamente decente, era el momento de reconocerlo, expresarlo y exigir para que no vuelvan a ocurrir.
– Hemos comprobado cómo en otros campos (nos servimos de la imagen de ayer de Cornellá el Prat) sí que se exige y sí que muestran su disconformidad con salir de paseo por la liga. Aficiones que se muestran inconformistas y que no quieren resignarse a ser mediocres como aquí parecemos estar tan a gusto.
– Hemos valorado los números y no hay manera de que concuerden las cifras si tenemos en cuenta los abonados, los precios, la media de asistencia y el respaldo social de esta masa con lo que se nos pretende ofrecer si tenemos en cuenta la falta de ambición antes mencionada.

Ya ha terminado un curso. A partir de ahora empieza uno nuevo y no quiero pensar, ni por asomo, que los objetivos que se marquen sean los mismos que para este año, que el nivel de exigencia sea el mismo, que el conformismo siga reinando o que pensar que superarnos consista en hacer un puntito más o escalar del puesto trece al doce. No quiero ni pensar que el mensaje que se nos transmita sea el de unión y paciencia, el de partido a partido y permanencia, el de queremos pero no podemos, el de jugar en Europa es deficitario, el de quedar el trece merece un sobresaliente o el de la justificación de que el concurso es un impedimento.

Esto es el Real Betis, señores, a ver si nos enteramos. El cuarto equipo en socios, el cuarto equipo en afluencia de aficionados, y de una puñetera vez creo que nos merecemos dirigentes y profesionales que entiendan y transmitan que la situación real del club, tanto institucional como deportivamente, ha de ser acorde a ese baremo y sus objetivos han de ser esos y no el de ir de paseo por la liga. Si no se ven capacitados, con ganas, con fuerza y con la destreza y ambición suficiente sean honestos y vayan dejando sus puestos a los que sí lo entiendan, lo transmitan y lo quieran llevar a cabo.

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