Pepe Mel

Consumida la tercera parte del Campeonato, los números son los números: ni una victoria fuera de casa, sólo dos triunfos, ambos en Villamarín ( Villarreal, pidiendo la hora; irregular Valencia ). Cuando se juega bien se pierde, cuando se hace mal también. Este es el tristísimo bagaje a que nos ha conducido la gestión de quienes gobiernan la barca verdiblanca, que a estas alturas comienza a recordar a aquel trasantlántico cuyo hundimiento se produjo lenta y paulatinamente de forma inexorable. Hará poco más de veinte años que recuerdo un excelente partido jugado en Heliópolis ante el Barsa que se perdió por 2 a 3. Sí. Los de costrumbre poderosísimos catalanes ya habían marcado sus tres goles al finalizar el primer tiempo; no obstante, en la continuación dos tantos en dos minutos conseguidos por los béticos ( uno de ellos de Pepe Mel ), hicieron volar los sueños blanquiverdes hacia una tarde épica. Sin embargo, la cruda realidad estampó su sello y el marcador permaneció finalmente inamovible, salvo las voces desgarradas de la grada que siguieron coreando ese ¡¡ Beeeeti…..Beeeeeti….!! Anoche, con cartón del 4 en el luminoso, volvimos a presenciar lo mismo…luego, llegó el gol de Molina que nos recordó envites con sabor a victoria o a título conseguido. Al final, siguieron los cánticos y aplausos.

Hace años tuve el honor de conocer personalmente al fallecido Alfonso Jaramillo, y tiempo después el privilegio de escribir su biografía. Pues bien, aquel trianero, que fue veteranísimo en lides verdiblancas, curtido desde los gloriosos años treinta, haciendo en su casa las tortillas de patatas para los jugadores en aquellas penurias de la 3ª División, participando y gozando en la compra del Estadio, y visto todo lo vivido y por vivir en más de medio siglo de fútbol sevillano ( como dijo Julio César del Arco ); aquel del Manque Pierda de la 3ª, más representante aún que tú y que yo, fíjate lo que conoció ese hombre….En una ocasión me afirmó: “La afición del Betis se contenta con muy poco, es feliz con cualquier cosa, no es nada exigente, es muy blandita“.  Aquella frase me llegó al corazón, porque es cierto, el Betis es una amalgama de sentimientos que te hace vivir lo poco como casi nadie y lo mucho como nadie…pero por otro lado tambiénsufrirlo como nadie. Aquellas savias palabras fueron dardos indoloros que iban dirigidos hacia la piel de una afición cuyo retrato pareció haberse compuesto en los repetidos anocheceres verdiblancos: “Aunque el último estuvieras siempre te ven campeón“. Es el silencio de la resignación, de sufrir como nadie, reitero: sí, como nadie; bajo una actitud que no se puede definir pero sí conocer, puesto que la mayoría de los mismos dirigentes del Betis la han conocido y conocen y pueden aplicar al resto la pomada necesaria para que las cosas sigan igual, como si nada pasara, predicando con el ejemplo de colgarse bajo el brazo el zurrón del Manque Pierda, y a otra cosa mariposa.

Tras el parón liguero, Nervión será el mejor escenario para probar de nuevo la dureza de la madera de boj que parece rellenar la voluntad y el corazón de los béticos, con un “más difícil todavía”. Llega el turno de las risas y burlas, y también, porque no decirlo, de las lágrimas; sobre todo estas últimas para los más jóvenes, cuyas muchas de sus ilusiones y tristezas pasan por ganar o perder estos partidos: ahí está el colegio, el instituto, el campo de deportes, las plazas, los amigos….Pero, claro, la tradición béticapara los casos llorosos es esa pócima curativa que ya la ha probado el hijo del sufrido heliopolitano, porque este papá, también desde chiquitín conoce,  puesto que entre elsilencio y la tortilla de patatas se la dio a probar su padre; que la resignación, la garganta quebrada y la falta de exigencia ante los responsables, es la única medicina que su hijo deberá llevar siempre por bandera.

Pues qué pena, qué pena, que una bandera tan bonita, cuyos colores y ese nombre chiquitito que representan la Historia de una región entera y de esta ciudad, salvo veces contadas, en más de un siglo de vida, tengan el podium que parece demandar aparentemente felices y estoicos la mayoría de sus seguidores. ¿ O no ? Escuchemos a la minoría.

Por Rafael Medina.

Publicado originalmente en Betisdelayer.com

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