Manuel Domínguez, presidente del Real Betis

Manuel Domínguez, presidente del Real Betis. Foto: ABC

Una frase histórica de un dirigente nacionalista refiriéndose a su brazo armado. Quizás la metáfora no sea muy afortunada en este caso, pero viene como anillo al dedo para exponer lo siguiente: Mientras unos agitaban el árbol, poniendo su dinero, su nombre y DNI, su riesgo personal, sus horas de ocio y su lucha, otros sólo han aspirado a recoger las nueces. Y menudo atracón se están pegando no sólo a costa de esos “agitadores”, sino a costa de todos los béticos. 

Los periodistas del régimen, los rompeasambleas de guardia, los que mandaban consignas a los medios, los que hacen y deshacen desde el entorno que aseguran desconocer y, muy especialmente, aquellos que han sido agraciados con un carguito de presidente, de consejero, de técnico, de agradaor o de pelota de turno, ni en sus mejores sueños habrían podido imaginarse pintando algo en un club en el que jamás han puesto algo más que un carnet de socio. Y, en muchos casos, ni siquiera eso. De no ser por esa agitación, ¿En base a qué iba a ser presidente Miguel Guillén? ¿Cuándo le podría haber tocado la lotería de la presidencia a Domínguez Platas? ¿Con qué criterio iba a ser elegido un incapaz como Gordillo para presidir la fundación caníbal? 

Son lo que son gracias a haberse arrimado al club y gracias a aprovechar la lucha de otros a los que ahora, en un vergonzoso acto de traición, insultan y arrinconan. Y como bailarín estrella, el segundo administrador judicial, cuya máxima aportación hasta el momento ha sido rechazar todas y cada unas de las peticiones hechas a la asamblea por los representantes de los béticos de base. Al menos, que sepamos, no ha salido trincón como el bigotudo de infausto recuerdo; de momento.

Produce vergüenza ajena leer a los periodistas del régimen, que también fueron los del régimen anterior hasta que vieron que el barco se hundía, criticar a PNB por “seguidismo de Castaño”, como si la verdad no fuese verdad por el hecho de ser destapada por un indeseable. Pero, siendo esto incalificable, lo peor es la actitud de los fundacionistas que pretenden heredar los frutos de la lucha poniendo a funcionar el ventilador para salpicar con la mierda a todos los que no bailen al ritmo que nos marcan.

Entérense bien: ni olvidamos, ni vamos a quedarnos de brazos cruzados viendo cómo destrozan el club o cómo pretenden quedarse con las acciones de Lopera mediante fundaciones interpuestas. Aquí estaremos los cuatro agitadores de siempre para volver a la lucha que sea necesaria hasta conseguir que el Betis sea de los béticos, no de ladrones ni de señoritos engreídos, aunque cada vez seamos menos y las piedras en el camino más grandes y pesadas. Y será así porque no nos mueve otra cosa que el interés de nuestro club. Ni carguitos, ni prebendas; sólo el Real Betis.

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