13 millones de naves

Que no es el mantecado, desgraciadamente. El pasteleo de ayer en la junta fue mucho más amargo y tenía forma de rueda de molino con la que, una vez más, pretendieron hacer comulgar a los béticos. La prensa sevillana ya ha hecho un resumen amplio de la junta de accionistas, por lo que no vamos a enrollarnos en exceso a la hora de comentar lo que sucedió.

Resumamos el discurso de Estepa, el administrador judicial, en 4 puntos:

El descenso fue culpa de los astros. En contra de lo que parece, el Sr. Estepa no se refería con esta frase a los futbolistas que trajeron los consejeros a defender nuestra camiseta, sino a un conjuro procedente de la constelación de Ganímedes, en concreto, del planeta Raticulín, de donde descendieron 13 millones de naves que nos llevaron a segunda división.

El entorno no existe. Por supuesto que no, por eso van por 3 presidentes y el 100% de consejeros “susurrados”.

El Betis no paga comisiones a corredurías de seguro, aunque el anterior administrador judicial, el Sr. Bosch, diga lo contrario ante la jueza Alaya. Uno de los dos miente, como es natural. Adivinen quién.

Todo va “fenomenar”, como se encargaron de poner de manifiesto Íñigo Vicente y Adolfo Cuéllar, entre otros, portavoces de facto de ese entorno que ni susurra ni existe.

Sobre los consejeros nuevos, poco más que añadir salvo que, imaginamos, serán de “los buenos”, de los “de verde, los nuestros”, que decía el Sr. Cuéllar: José Moreno, Adrián Romero y Pedro Pablo García. Tiempo habrá de extenderse sobre ellos.

Por último, destacamos el espectacular discurso de Camilo Puerto y de los representantes de PNB en su conjunto, además de la intervención de Castaño, con unos argumentos tan sólidos como faltos de credibilidad por su pasado y su participación en los consejos de Lopera. 

Para artículos dulces y lisonjeros, pueden revisar a los periodistas de cámara, que a estas horas ya preparan sus soflamas.

Una vez mas, se ha perdido la oportunidad de nombrar un consejo plural y que de verdad represente al beticismo de base. Siguen los mismos aunque cambien sus nombres y apellidos: al fin y al cabo, los que mandan son los de la Fundación Heliópolis.