Gordillo, Stosic y Mel. Tres caras de una misma situación

Gordillo, Stosic y Mel. Tres caras de una misma situación

Hoy, como entonces,  como cada vez que surge un problema y se vislumbra una solución (por drástica y desagradable que sea ésta), a los béticos se nos pide unidad, apoyo, remar en la misma dirección y crítica constructiva. Se nos exige unidad en torno al problema, nunca en torno a la solución; ánimo al culpable, no a quien puede resolver los problemas, remar en dirección a la catástrofe deportiva y/o social, no en pos de un Betis mejor y más grande; crítica constructiva o, lo que es lo mismo, ausencia total de malestar o exigencia. Para eso hemos quedado: para animar y callar, aunque lo preocupante de verdad es la cantidad de aficionados que aceptan desempeñar gustosamente este comportamiento lanar.

Hoy, como ayer, cuando se demuestra con hechos como la consecución de un solo punto de veinticuatro posibles, tras 7 derrotas casi consecutivas interrumpidas únicamente por un triste empate, con un equipo que no juega a nada, con todos los fichajes calentando banquillo, cuando se masca la tragedia de un descenso que nos hundiría de forma prácticamente definitiva, los béticos seguimos sin responder de forma rotunda y exigir la adopción de medidas correctoras.

Una secretaría técnica inútil y elegida por criterios de amistad más que de aptitud (eso sí, renovada por tres años),  que trae a futbolistas que empeoran lo que había de forma escandalosa; un entrenador incapaz de tener un equipo base, que cambia de sistemas y alineaciones como quien se cambia los calcetines, voluble, que insiste una y otra vez en los mismos errores y planteamientos que nos llevan a la derrota y una directiva, en definitiva, atada de pies y manos para tomar decisiones dolorosas por su absoluta ineptitud para afrontar estos momentos de crisis y por el permanente sentimiento de provisionalidad que les atenaza. Ese es el panorama que tenemos mientras el equipo se hunde y los pocos béticos que alzan la voz vuelven a ser tachados ahora, como entonces, de radicales peligrosos o de iluminados.

Nuestra maldición es no aprender, como si no recordáramos los tiempos desastrosos de Lopera o Chaparro, y alinearnos siempre junto a personas en lugar de junto al club. Ayer endiosábamos a Chaparro y hoy hacemos lo propio con Mel; Lopera era nuestro faraón y ahora le ha sucedido en el trono Gordillo.

Pero, además, tenemos otra maldición aún peor y que dura ya casi 20 años: no poder elegir a quien nos representa y no poder, en definitiva, castigar a quien se equivoca y renovar la confianza a quien acierta.

Y este sino sólo lo podemos cambiar los béticos; en nuestras manos está aprender de los errores y construir un club grande. No lo desperdiciemos otra vez.

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