Pepe Mel
La renovación de Pepe Mel, amparada por los resultados obtenidos en esta temporada, puede constituir un error sólo comparable al que se cometió en su día renovando a Paco Chaparro, una decisión que condujo al club al abismo de la segunda división de forma irremisible, pese a que muchos intuíamos que, debido a su ineptitud, era el resultado deportivo que nos esperaba.

Hoy en día, la situación nada tiene que ver con la de aquel entonces. La excepcional gestión económica, acompañada en parte por una cierta tranquilidad deportiva, hace que el club pudiera permitirse, en el peor de los casos, un descenso de categoría ya previsto en los planes de pago de las deudas que nos dejó el “que no debía un duro a nadie”; sin embargo, hay algo que va camino de no cambiar: la toma de decisiones basadas en resultados aparentemente extraordinarios en lugar de en hechos de difícil análisis.

Pepe Mel ha demostrado ser un entrenador volátil, mediocre y, en muchos partidos, incapaz de gestionar situaciones adversas. Jugadores que entran y salen de las alineaciones sin tener en cuenta sus rachas o su momento de forma, cambios inexplicables, insistencia en los peores jugadores de la plantilla en más de un puesto, cambios de sistema sin sentido, ausencia de dirección en momentos y partidos clave…

Lo único que ha hecho bien el Sr. Mel ha sido ser capaz de mantenerse por encima del bien y el mal en sus decisiones que han traído, en ocasiones, consecuencias funestas. No ha dudado en echar a la afición encima de algún jugador que otro (Por ejemplo, Fabricio), no le ha temblado la voz a la hora de culpar a los futbolistas (que él ha alineado) de no estar a la altura del club al que representan. En este sentido, el partido de Mallorca fue un clarísimo ejemplo de una alineación alocada, jugadores fuera de su sitio, sistema inexplicable y, tras tirar la primera parte a la basura y, con ella, el partido entero, la culpa es de los futbolistas. Eso sí hay que reconecerle a nuestro entrenador: la gran habilidad que tiene para sacudirse la responsabilidad. Y han sido demasiadas primeras partes la que se han tirado este año.

Si el Betis quiere iniciar un periodo de crecimiento y estabilidad en zonas más o menos nobles de la tabla, si va a participar en competiciones europeas el próximo año (más por deméritos ajenos que por méritos propios), si va a comenzar una era de construcción de un proyecto sólido a la altura que merece nuestra afición e historia, desde luego, ha de elegir un técnico que garantice dicha línea de progresión. Y Pepe Mel no es ese técnico.

Así pues, para no repetir el grandísimo error que fue renovar a ese entrenador que nos llevó al abismo con sus caprichos y su ignorancia, basando la decisión en una salvación in extremis, el real Betis debería replantearse la renovación de Pepe Mel y no tomarla en caliente y sin una profunda reflexión. En aquella ocasión, la presión de los medios, de los aficionados e, incluso, de asociaciones de base, fue asfixiante y ayudaron en gran medida a que Ruíz de Lopera no tomara la única decisión medio decente que habría tomado en sus 18 años de tiranía y terminó cediendo y renovando al genio de Triana. 

En este bendito club, siempre cometemos la torpeza de ser gordillistas, loperistas, chaparristas o melistas antes que béticos. Y ya es hora de que empecemos a pensar antes en el club que en las personas que lo componen.

Por Penibético.

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