Trincheras

En 2007, un grupo de béticos valientes compuesto por socios, accionistas y simpatizantes, desolados por la deriva institucional del Real Betis, se reunieron de forma casi clandestina en un local sevillano decididos a poner luz y taquígrafos a lo que sospechaban era un expolio masivo de los activos de nuestro club. No les movió otro interés que el amor al Real Betis. No querían ni protagonismo, ni cargos; mucho menos prebendas y contratos, petos, pases de prensa, entradas gratis ni otros beneficios.

Pusieron su nombre, su dinero, su tiempo, su ilusión y su esfuerzo, nada más y nada menos. En cuestión de meses habían logrado aglutinar el suficiente número de accionistas para sindicar un porcentaje de acciones suficiente para empezar a exigir responsabilidades y convocar la asamblea extraordinaria que, a la postre, fue decisiva para liquidar el loperato.

Conviene recordar la extraordinaria presión que sufrieron esos valientes en aquellos días, con casi todos los medios en contra y con el altavoz de Lopera, Radio Betis, insultando días sí y día también no sólo a los directivos de la asociación, sino, muy particularmente, a aquella veintena de personas que todos los miércoles acudían a protestar a la puerta de la sede de Tegasa, auténtico centro de poder en aquellos años.

Sin embargo, el famoso 15J, que sólo fue posible por el descenso del club, alumbró el nacimiento de entes que sí tenían ambición de poder y notoriedad, el más conocido la funesta Fundación Heliópolis, que, sin el menor riesgo económico ni de desgaste personal, se adueñaron de ese esfuerzo colectivo que condujo al club a la intervención judicial, tan deseada entonces como desaprovechada y prostituida en nuestros días. Dicha Fundación ha logrado colocar a 3 presidentes y prácticamente el 100% de los consejeros nombrados en esta etapa judicial tan provechosa en lo económico como desastrosa en lo deportivo.

Las influencias de sus patronos han sido sacadas a la luz tanto por esta web como por periodistas independientes y sus andanzas ya son bien conocidas por los béticos, cansados de ver cómo los dirigentes del periodo judicial han acabado con la ilusión y la unión que tanto esfuerzo había costado generar.

En estos días, en los que periodistas del más diverso pelaje, como Mateo González, quien califica en su artículo de hoy como “La alucinante campaña de descrédito que se ha fomentado desde trincheras maledicentes” al hecho de haber destapado numerosas actuaciones inmorales y opacas por parte de los dirigentes del club, salen en defensa de un consejo que ha perdido el escaso crédito que le quedaba.

Destaca también, en este sentido, la aportación de Luis Carlos Peris, acostumbrado a abrazar el sol que más calienta y a mostrarnos, según convenga, quiénes son los buenos y los malos en toda esta historia. Prácticamente, el Sr. Peris calca al Sr. González afirmando que “Es delirante la atmósfera creada, gestada, desde trincheras que calladitas estarían más presentables.”

Sorprende esta defensa a ultranza del consejo en vísperas de una asamblea que se prevé tensa por cuanto las preguntas van a hacer enrojecer a más de un consejero, no por quienes ejercen la defensa, siempre generosos con el poder, sino por las acusaciones a quienes luchan por un Betis libre y de los béticos.

Es el precio de la independencia y de criticar a quien merezca la crítica, sea Lopera o Castaño en su día o los consejeros de hoy: que nos acusen de maledicentes e impresentables. Como siempre hemos hecho desde esta web, defenderemos a ultranza la limpieza y la transparencia en la gestión del Real Betis. Caiga quien caiga o sea quien sea el gestor. Le guste o no a los periodistas mansos a quienes les tiembla la mano con los poderosos al tiempo que la cargan sin piedad contra los débiles. Si Lopera, sus influencias, sus métodos y su altavoz no consiguió callarnos, es obvio que no lo va a conseguir un puñado de juntaletras o patronos.

Así pues, desde las trincheras orgullosas de recibir los adjetivos que nos dedican, sólo nos queda seguir luchado por lo que creemos: Un Betis libre y de los béticos.

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