Hay clubes que a lo largo de su Historia han llegado a mantener, naturalmente sin llegar a ser Real Madrid y FC Barcelona, épocas gloriosas. Ejemplos como el Villarreal, Valencia, Real Sociedad, Zaragoza, Real Sociedad o Athlétic de Bilbao son algunos paradigmas de lo que pretendemos transmitir. La conciencia de los dirigentes y aficionados caminó en la misma sintonía durante años. El modelo del “submarino amarillo” no quedaría excluido hasta el momento, porque, pese a ser sostenido por un mecenas, éste nunca decayó en el propósito de construir un club grande; para ello, estableció estructuras modernas y amplias que incluían uno de los complejos deportivos dedicado a la cantera considerado de entre los mejores de España. Pese a todo, el Villarreal también ha conocido recientemente la Segunda División, pero tras dejar ante sí ocho años de victorias y de clasificaciones europeas prácticamente consecutivos.

En el caso del Betis, que es el que nos ocupa, jamás ha sucedido lo mismo, porque, unas veces de forma inesperada; otras, de manera sospechada, tras uno, dos o tres años en primera línea, se ha producido el batacazo. Incluso hasta en los tiempos de Lopera, que se llevó a los verdiblancos a lo mejor y luego nos puso donde nos puso. Aún así, pese al talonario, se vivía en la Edad de Piedra porque, entre muchos factores, no existía ni una estructura moderna, ni amplia. Carencias.

Ante el Granada, muchos béticos albergábamos la esperanza de que había que ganar el partido para reafirmar una escalada en la tabla, inciada la semana pasada tras la amplia y espectacular victoria obtenida ante el Valencia. Pero no ha sido así. Del partido ante el Lyon y del empate de hoy, se extraen algunas consideraciones interesantes, tales como la impotencia hasta ahora para superar tácticas de marcaje atosigantes y físicos rápidos que corren hasta la extenuación, tanto para la defensa como para el contragolpe. Y, aunque el equipo en dichos partidos tuvo todas las ganas del mundo, e inclusive hasta mala suerte, nos hemos enfrentado y nos enfrentaremos ante rivales cuya mentalidad de juego no es la del equipo Ché, basada en querer ganar, creencia en la autosuficiencia y en la dejadez defensiva y de marcaje. Ahí puede estar el verdadero peligro que nos acecha y ahí podría estar uno de los resultados cosechados por este Consejo de Administración que gasta sueldos en colocar a amiguetes ( no todos ) antes de pensar en crecer en todos los sectores, donde, naturalmente, incluimos la cantera.

Ni hace falta decir que el tema de la deuda no es tan determinante habida cuenta los ingresos como para haber reforzado al equipo de otra manera, ya que a la vista salta, por lo que no voy a entrar en ello tras haber afrontado el asunto en otros dossieres anteriores.

Pero todas estas cosas no son nuevas. Ni a mí me coje de sopetón ni supongo que tampoco a otros béticos que, o bien conocen nuestra Historia, o bien son muy veteranos y pueden vislumbrar sobre qué va el tema: Sánchez Mejías estuvo un año, Moreno Sevillano se marchó tras el título de Liga del 35, Villamarín vendió casi al final lo mejor y luego le pasó lo que pasó, Mauduit y Retamero nos meteron en la ruina conque se encontró Galera….y sobre Lopera ya lo sabemos.

Como bético, no me conformo. Quiero crecer, crecer y crecer: quiero arrebatar el cetro de la cantera al eterno rival en mi ciudad y en mi provincia, quiero instalaciones más amplias ( que es fundamental ), quiero estar arriba años y años, quiero….¡ títulos ! Yo no quiero hoy muy bueno y mañana mediocre. Y deseo ganar al Sevilla con suficiencia en mi Estadio, ante mi público. Que los niños conozcan un Betis ganador del que puedan presumir; que padres y abuelos, tras tantos electrocardiogramas deportivos, repletos de sufrimiento, tengan ante sí algo jamás logrado. Eso es lo que quiero y eso es a lo que deben también aspirar nuestros dirigentes.

No quiero la alegría momentánea, transitoria. Porque entonces, tendríamos más de lo mismo. Ni lo quiero, ni pretendo aspirar a eso. Pero creo que el problema, la traba, cada vez me asusta y entristece más, cada vez que dedico tiempo a pensar en desembocar que este mal pudiera ser visceral; pues bien, porque si es así: YO NO LO QUIERO.

Publicado originalmente en Betis del Ayer

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