Lopera sale de los juzgados

Andábamos en la tarea de destripar el auto de procesamiento dictada por Su Señoría Mercedes Alaya, cuando nos encontramos con este artículo del periodista sin cuya labor habría sido imposible llevar al banquillo a Manuel Ruiz de Lopera. Como el resumen no puede ser más certero, reproducimos el artículo del procesamiento de Lopera en su totalidad.

Desde que en 1992 ascendiera al trono del Betis, Manuel Ruiz de Lopera nunca regateó esfuerzos por crearse una leyenda a medida. Los hechos, primero de forma tenue, luego tozuda, fueron desmontando su cuento. Y, sin embargo, ningún otro factor contribuyó tanto a la perdurabilidad de Lopera como el poder de la fabulación. El auto de procesamiento dictado por la juez Mercedes Alaya es una carga de profundidad contra los cimientos de esa leyenda. El bofetón de realidad definitivo al mito. O tal vez no. Éste corresponde al juicio que, con seguridad, se abrirá en los próximos meses en la Audiencia de Provincial, en el que Lopera podría enfrentarse a penas de hasta 22 años de cárcel.

Lopera es el dueño del Betis… pero nunca pagó sus acciones

Todavía hoy atolondrados comentaristas sostienen que «Lopera es el dueño del Betis». O que, al menos, lo era. Efectivamente
, el empresario llegó a acumular más del 50 por ciento del club en sus manos. El problema es que lo hizo de manera ilegal. El auto incriminatorio de la juez Alaya da por probado que, de las 55.350 acciones que poseyó, 36.869 las pagó dilatadamente, fuera de plazo, y 20.662 «no las abonó nunca».

Este hecho es el basamento del delito de apropiación indebida que la magistrada imputa a Lopera, y que estaría penado con hasta 13 años de cárcel. La defensa de Lopera, briosamente ejercida por el prestigioso bufete Montero Aramburu, tiene aquí uno de sus principales retos: cómo demostrar que su cliente abonó las acciones con las que rigió autárquicamente el club sin que exista ni un solo recibo o rastro bancario que lo atestigüe. El arrebatamiento de esas acciones a Lopera y su distribución entre los béticos se despacha paralelamente en un juzgado de lo Mercantil.

Lopera ponía su dinero en el Betis… o justo al revés

Pongámonos en perspectiva. Lopera comenzó a gobernar al Betis en una época donde un estereotipo hizo paisaje en el fútbol español: el del presidente populista, de baja estofa, que hacía con el club ostentación de su supuesta riqueza. A Lopera le sentaba divinamente aquel traje. Durante años, su leyenda se alimentó con el presunto mecenazgo con el que irrigaba las demacradas cuentas del Betis. Fichajes como el de Denilson, en su momento el jugador más caro del mundo (30 millones de euros), no hicieron sino expandir su mito.

El auto de Alaya es especialmente cruento en este punto. El presunto saqueo que de las arcas del club hizo Lopera se pormenoriza al detalle. Ese sistema con que a través de dos empresas fantasma, Tegasa y Encadesa, chupaba el dinero del club abochorna por su simpleza. Incluso por su ostentación: «Una caja única», cánones fijos e ínfimos en relación a los ingresos (televisión, publicidad…) cedidos por el club, una mordida del 10% en la rescisión de jugadores (200 millones de pesetas sólo en la de Roberto Ríos), pago de reformas en sus propias oficinas particulares, la indemnización a sus empresas por no continuar las obras del estadio, el abono de la multa (2,9 millones) que sufrió Lopera en 2010 por sus delitos fiscales en el Betis y que posibilitó que evitara la pena de cárcel… El sistema resultaba tan burdo que, por momentos, conduce a pensar que buscaba que le pillasen. Y qué decir de lo que se le ocurrió para que no lo hicieran.

En 2006, ya apretado en los tribunales, Lopera se sacó de la manga un contrato de «retorno de beneficios», por el que de buenas a primeras sus empresas fantasma venían a decir: ‘Hemos ganado tanto del Betis, que devolveremos un buen pico’. La juez considera, en primer lugar, que el contrato es un reconocimiento implícito de los pingües beneficios extraídos por Lopera del club. Y en segundo, no sale de su asombro ante la grosera manipulación del documento, al que se le falseó la fecha para presentarlo ad hoc varios años después de la supuesta regularización de las cuentas. En cualquier caso, admitidos los ajustes de la devolución, los beneficios que Lopera obtuvo de cuenta del Betis se cifran en 24.973.191 euros.

Lopera gobernaba solo… pero mete en un lío a sus ‘socios’

No hace falta incidir en el cesarismo de Lopera. Gobernaba en soledad, rodeado de un pequeño círculo de confianza caracterizado esencialmente por el vasallaje. Cualquier amenaza de intromisión en su poder era inmediatamente zanjada. El día que Manuel Castaño, su exaltado jefe de abogados, apareció en el As posando y pregonando que aspiraba a la presidencia, fue despachado… a la presidencia del equipo B. Curiosamente, aquel movimiento pudo salvar a Castaño, aún hoy embarcado en un hilarante empeño por llegar al poder en el Betis, pues le excluyó del círculo más estrecho de Lopera. Éste, formado por sus testaferros (Mercedes Ferraro, Guillermo Molina, Ana Ruiz Peña, Teresa González, Javier Páez) y sus ejecutivos (Angel Martín y Luis Oliver), será por completo juzgado. Hoy todos soportan fianzas millonarias. La de Lopera es de 33 millones.

Merece la pena detenerse en Oliver. La juez considera un simulacro la compraventa ejecutada por Lopera. Su fin «sería poner a nombre de un tercero el paquete de acciones del Real Betis para evitar sobre él cualquier actuación judicial e, inclusive, hacer ineficaz cualquier pronunciamiento sobre su titularidad, pero reservándose la posibilidad de recuperar el control absoluto con un derecho de prenda». El trato nunca llegó a ejecutarse. Hace unos días, las acusaciones pidieron seis años de cárcel para Oliver y tres para los expresidentes Sacristán y León en la pieza separada del sumario de Alaya, la del saqueo final.

Lopera volverá…

Cosas más difíciles se han visto. Pero lo del expresidente bético no es moco de pavo. La juez Alaya le enfrenta a graves penas de cárcel (hasta 13 años y medio por apropiación indebida y 9 por el delito societario continuado), debe retener sus acciones presuntamente impagadas en el proceso que se sigue en el Mercantil y ha de librarse de la inhabilitación y los 23 millones de euros de multa que le exigen los administradores por el concurso doloso del Betis. Volver, puede volver…

¿Y el Betis? Es presumible que el club siga judicializado a medio plazo. Las plataformas denunciantes (Béticos por el Villamarín, Por nuestro Betis y la Liga de juristas) se adherirán a lo dispuesto en el auto de procesamiento. Queda por ver la postura de la Fiscalía, intrigante hasta el momento: llega la hora de retratarse. El próximo mes la Audiencia decidirá si prolonga las medidas cautelares. Sería cuando menos curioso que éstas se suspendieran y el club regresara a manos de Lopera mientras se le juzga por delitos tan graves. Las otras tres causas paralelas complican aún más el puzzle en el que se resolverá el horizonte verdiblanco. Los movimientos de todo tipo para posicionarse de cara a futuros gobiernos siguen. Pese al clima de provisionalidad que hoy invade todo, existe un germen de consenso para formalizar una directiva con cierto arraigo. Un paso que se antoja básico para la restauración del Betis. Lopera puede volver, pero parece que ahora tiene cosas más graves de las que ocuparse.

Por Antonio Félix.

Coméntalo en el foro.

Descarga el auto de procesamiento íntegro y visita el resto de documentos del proceso contra Ruiz de Lopera