Miguel Guillén, presidente del Real Betis Balompié

Miguel Guillén, presidente del Real Betis Balompié

…pero, ciertamente, no es suficiente. Los béticos, acostumbrados a ser tomados por idiotas, debemos parecerle al Sr. Guillén y a su consejo de nombramiento digital (de dedo, claro está), algo así como unos seres sedientos de sangre cada vez que se produce una derrota. No se explica de otro modo que a un empate suceda un cese (Mel), a una derrota otro cese (Stosic) y a otra derrota otro cese (Bosch). 

Para ser exactos, quizás la palabra “cese” no sea la más adecuada; digamos, por ejemplo, invitación a cerrar la puerta al salir, porque Bosch, que controla el paquete accionarial mayoritario, puede estar en el consejo si le da la real gana o poner a un hombre de paja (otro más) que represente a su paquete accionarial en el consejo.

La sensación es que las decisiones se toman en caliente, sin el menor análisis y tratando siempre de buscar culpables en lugar de centrar los esfuerzos en buscar soluciones a la gravísima crisis deportiva que padecemos.

Cuesta trabajo creer al Sr. Guillén que dicha salida del consejo se produjo hace 6 días y que ahora van a analizar los contratos con los proveedores “sospechosos” de ser de la cuerda del Sr. Bosch, como si este consejo no se hubiera dedicado en pleno al amigueo más descarado y a la colocación de siervos más que a la gestión propiamente dicha.

Sea por conocerlo y no evitarlo, sea por desconocerlo y haber sido estafados, este consejo debe dimitir en pleno, Gordillo y sus satélites incluidos, y empezar de cero la gestión con profesionales adecuados, honrados y que sean capaces de gestionar con profesionalidad un club como el Real Betis. Más que nada, antes de que a la defensa de Lopera le dé por cuestionar lo que se está haciendo con sus acciones y se ponga en peligro tanta lucha por tanta inutilidad. Y eso sí que sería peligroso para la existencia misma de nuestro querido club.